Domingo 16º del Tiempo Ordinario

EVANGELIO según San Mateo 13, 24-30

“Les propuso esta otra parábola: “”El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo. Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró cizaña entre el trigo y se fue. Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña. Los siervos se acercaron al amo y le preguntaron: ‘Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Por qué tiene entonces cizaña? Él les contestó: ‘Algún enemigo ha hecho esto’. Los siervos le dijeron: ‘¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?’. Les respondió: ‘No, no sea que al recoger la cizaña arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Ya diré a los segadores, cuando llegue la siega, que recojan primero la cizaña y la aten en gavillas para quemarla, y que almacenen el trigo en mi granero””.

Palabra del Señor

REFLEXIÓN:

San Pablo en Romanos 12,19 nos exhorta: “No os toméis la justicia por vuestra mano, queridos míos; dejad lugar a la ira, pues dice la Escritura: ‘Mía es la venganza; yo daré el pago merecido’, dice el Señor”. El Apóstol se basaba en el ‘Cántico de Moisés’ recogido en el Deuteronomio (Dt 32, 35): “A mí me toca la venganza”, dice la Palabra de Dios. Y esto mismo es el mandato del Hijo de Dios Resucitado, Jesús de Nazaret. La venganza del oprobio es algo que hemos de dejar a Dios, pues suya es la Justicia. Y la Fe fuerte, sólida y verdadera en Dios y en Su Palabra nos otorga nada menos que Paz. Pase lo que pase. Paz y la certeza de que llegará “la cuenta” a la mesa de los deudores: y tendrán que pagar! Porque el perdón es lo divino, y es lo que nos toca a los hombres. Pero Dios nos conoce por nuestros frutos. El mal y su fruto no escapa al ojo del Creador. Y no hay nada justiciero ni pendenciero en esto. Dios es amor. Pero Dios reconoce y bendice al justo: a quien actúa con bondad y rectitud. Esa rectitud no exime de cometer errores (somos humanos), pero los errores sin maldad no rechazan a Dios. Los errores que sí excluyen y niegan a Dios son los que tienen carga intencional. Intención de daño, de malicia. De esa cizaña nos habla Cristo-Jesús. Y Su Palabra es un bálsamo para seguir caminando con rectitud en el sendero de Su Palabra, en el sendero de Dios: pese a la cizaña. Y cizaña es todo aquel quien la genera. No podemos ser conniventes con el mal. Está hiper claro que en el ámbito de la Iglesia no todo el mundo busca el Reino de Dios. Y esa adulteración (germen de cizaña) se multiplica exponencialmente en el llamado: ‘ámbito cofrade’, más entendido como ‘club social’ por tantas personas que mejor no hacer contabilidad de esa legión. Pero no llevar las cuentas del mal no implica dejar de reconocer que ese mal está ahí. Precisamente la constatación de que el mal existe y que cohabita con el “buen trigo” es la prueba de la dificultad (pero bendita dificultad) de seguir avanzando hacia campos superiores de espiritualidad. Pues ese obstáculo en verdad no es nada, por la energía que otorga la certeza de la Presencia de Dios estimulando ese crecimiento con fuerza, más aún teniendo la plena convicción de que la Justicia de Dios no defrauda: simplemente llega (a su tiempo: al tiempo de Dios), y solo la imparte el Juez Supremo que es Dios con CristoJesús sentado a su derecha. Y es que la cizaña, como la cera con el excesivo calor, se derrite finalmente. Pero a diferencia de las consecuencias naturales o simplemente fortuitas (como que la cera se derrita por un golpe de calor), la cizaña como maldad contra el prójimo (o contra las corporaciones de apostolado de Fe) será quemada. Así lo asegura la Palabra de Cristo-Jesús. Pues el mal termina por extinguirse. Siempre. Y es así porque en quien concibe el daño no anida la majestad que otorga Dios.

«Adivínanos, Cristo. ¿Quién te ha pegado?» (Mt 26, 68)

23 de Julio del año de Gracia de 2017 Antonio Martín Lupión. Diputado de Formación. Hermandad del Museo