Paso de virgen

El paso es todo un canto a María.

Empecemos por la base de los finos varales de este singular paso de palio, labrados por Manuel Seco en 1947. Presentan estas bases imágenes de distintas devociones marianas de España: Virgen de los Reyes, Virgen de las Angustias de Granada, la catalana Virgen de Monserrat, Madre de Dios de los Desamparados de Valencia, Begoña de Bilbao, la madrileña Virgen de la Paloma, Virgen de la Fuensanta de Murcia, la Virgen de Guadalupe patrona de Extremadura, la de Covadonga patrona de Asturias, la Virgen Peregrina de Pontevedra y la Virgen del Camino de León. Estas figuras fueron realizadas siguiendo modelos de Sebastián Santos que, afortunadamente, ha podido recuperar la Hermandad y que se exhiben en sus vitrinas. A estas imágenes hay que añadir la Virgen del Pilar que preside la entrecalle del paso y otras dos que se realizaron hace pocos años: la Virgen de Aguas Santas, patrona de Villaverde del Río y la Virgen de las Mercedes de la Puerta Real.

 

Este despliegue mariano se completa con la presencia de los seises en el llamador o en los magníficos candelabros de cola, donde aparecen dos parejas de niños danzantes repujados sobre modelos de Rafael Barbero y cuya terminación incluye detalles de esmalte celeste Inmaculada.

Los bordados del palio fueron diseñados por Manuel Elena Caro y ejecutados por Sobrinos de José caro. Iconográficamente presenta en la gloria una nueva advocación mariana, muy relacionada con Sevilla, como es la Asunción de la Virgen, bordada en sedas y oro con la técnica de punto milanés. En la bambalina delantera figura el escudo de la Hermandad completo y en la trasera el de Sevilla, teniendo bordado en su interior dos frases en latín. En la delantera, «Omnes sitientes venite ad aquas» (Todos los sedientos venid a las aguas). Es el versículo primero del capítulo 55 de Isaías donde se hace la profecía de la misericordia que aquí se simboliza en el manto de la Virgen. En la trasera la frase es «Exibunt aquae vivae de Ierusalem» (En aquel día brotaron aguas vivas de Jerusalén), Zacarías 14, 8 como prefiguración de las gracias que emanarán de Dios.

La Virgen de las Aguas centra el paso con su mirada al cielo. Fue, como es sabido, imagen genuflexa que procesionaba a los pies del Crucificado. Ya en el siglo XIX hubo un primer paso de palio para esta dolorosa, diseñado por Astorga. En el mismo se colocaron dos peanas superpuestas para elevar la imagen arrodillada que modelase Cristóbal Ramos en 1772. En 1922 es cuando pasa definitivamente a un segundo paso, realizándose nuevo candelero erguido y nuevo juego de manos por parte de Infantes Reina. Más tarde, en 1962, Sebastián Santos realizó nuevo candelero, inclinando un poco hacia adelante el torso y bajando ligeramente la mirada.

Estamos ante una dolorosa que podríamos encuadrar en el momento del Stabat Mater, al pie de la cruz, mirando desconsolada a su Hijo. La finura de su modelado la hace más humana, más sencilla, humilde entre las humildes, pero con una gran unción sagrada. También representa la Inmaculada Concepción, por el color de sus vestiduras, blanca saya y manto azul aguamarina, y con ese tocado inconfundible que rodea de una nube blanca (o de espuma de mar) el rostro de la Madre de Dios. Rodea sus sienes la preciosa diadema que labrara Armenta en 1943. Convierte esta diadema a la Virgen en la Inmaculada apocalíptica, al vestirla de sol y rodearla de doce estrellas, que se alternan en los rayos rectos con los de hojarasca y ángeles, y que rodean los óvalos donde se pueden leer algunas letanías lauretanas. Centra la presea el escudo mercedario y la cruz la remata.